
Esas fueron mis palabras para hablar con el Gerente, mi jefe. No es la primera vez que las digo pero ésta vez sonaron distinto, se sentían distinto. En mi mirada se notaba la tristeza de la decepción que vengo trayendo hace rato conmigo, de la desilusión, de ver cómo te mienten y te siguen mientiendo en la cara…. y uno con cara de poker… haciendo de cuénta de que acá no pasa nada. Y ya no. Toda persona tiene un límite, tiene dignidad.
Y la verdad que la conversación fue diferente porque me paré desde el no dejarme convencer, en que se diera cuenta que ya no puedo sostener la farsa de creerme y seguir creyendome un cuento.
Y empecé mi conversación con “en un mes y medio renuncio”. Y ahí es cuando empecé a volcar todas mis observaciones. Por momentos sentía que se me estaba yendo las manos con lo que le decía, en un momento le dije “perdón si parece una charla de café”. Pero en esa conversación logré decirle que ya no creía màs en lo que me pudiera decir, que si no puedo acudir a él que es Gerente y tiene competencias… a quién si no?. Y me la jugué y le dije todo lo que veía mal en él. Y le dige que la confianza en una persona pasa por 3 ingredientes: sinceridad, competencias y responsabilidad. Y él hace un tiempo que me está mostrando la responsabilidad de un historial de promesas no cumplidad, a pesar de tener la competencia y poder para tomar determinadas decisiones, no las toma …. sinceridad?…mmmmm me parece que deberíamos trabajar en eso. Porque llega un punto que por más que las palabras sea adornadas y bonitas….el adorno se rompe.
Y le dije “con la actitud qué están sosteniendo se les va a ir gente muy valiosa en la empresa, están promoviendo eso”.
Y si saben qué no existe un departamento de RRHH (es más algunos lo llaman Recursos Inhumanos) porque no empiezan a actuar. Le dije que toda empresa se va a pique si no tiene un departamento de RRHH como la gente, profesional y proactivo.
Me da verguenza ver cómo las cosas se van desvirtuando, cómo en vez de mejorar, la empresa está retrocediendo pasos en el tiempo.
Creo que más allá de mis palabras, lo que cambió esta vez es mi verdadera mirada de desilución. Y creo que un gesto vale más que mil palabras.
Las palabras valen mucho también y en tu caso al menos van a producir un cambio en tu interior (en realidad el cambio ya lo empezaste a generar) y si vos te desvinculás, tomalo como un avance aunque al principio no lo parezca.
El que se queda estancado es él.
Mucha suerte!
A veces pienso igual que vos y en hacer lo mismo.